Para cada empresa con una flota de vehículos, su gestión es uno de los puntos esenciales para su buena salud, tanto económica como práctica, para cada empleado que necesite desplazarse. Cada vez más, las empresas se plantean la transición a una flota de vehículos eléctricos. Pueden obtener beneficios económicos, y también adelantarse al convertirse en promotores de la transición energética.

Los Objetivos

En primer lugar, el cambio a una flota de vehículos eléctricos es una oportunidad de oro para las empresas con una política de responsabilidad social. Así pueden reducir su huella de carbono.

Otro objetivo y motivación de peso: reducir el coste de explotación de la flota. Volveremos sobre esto en detalle más adelante en este artículo, pero esto requiere un uso óptimo y adaptado a su negocio de las terminales de recarga.

Más un objetivo que una motivación, el reto de una flota de vehículos eléctricos es mantenerlos disponibles, es decir, cargados, para atender perfectamente las necesidades de los empleados.

Por último, el cambio a una flota eléctrica supone darse una buena imagen medioambiental, lo que es importante para los consumidores de hoy, porque se estima que 2/3 de los empleados piensan que su empresa no está suficientemente implicada en la eco-movilidad. También es un tipo de vehículo muy cómodo y agradable para los usuarios. Te invitamos a leer nuestro artículo ¿Por qué elegir un vehículo eléctrico?

Entender las necesidades

Antes de implementar la estrategia operativa de su flota, debe comprender sus necesidades y limitaciones. Para ello es necesario tener en cuenta varios factores.

En primer lugar, las características de los vehículos. ¿Cuál es el modelo? ¿Cuánta es la autonomía? ¿Cuál es la potencia máxima de recarga? ¿Cuál es el tiempo medio de recarga? ¿Cuántos vehiculos son?

Gracias a estas preguntas, podrá identificar el tipo de terminal requerido para sus vehículos.

Pero el análisis de sus necesidades no se detiene ahí. También necesita saber cuál es la potencia de la instalación eléctrica de su edificio.

Por último, debe analizar la actividad de sus empleados, sus hábitos de viaje (¿cortos? ¿largos? ¿planificados? ¿urgentes?) y la distancia media que recorren.

La operación de la flota

Como se mencionó anteriormente en la sección de objetivos, los costos operativos más bajos son una de las razones para cambiar a la electricidad. Lo demostraremos tomando como ejemplo una flota de 10 vehículos térmicos, otra de 10 vehículos eléctricos y una última de 10 vehículos eléctricos con la presencia de paneles fotovoltaicos que alimentan las terminales. Cada uno de estos vehículos recorre unos 20.000 km/año, es decir, un total de 200.000 km/año para la flota.

En el primer caso, se estima que el consumo de los vehículos térmicos es de 6 l/100 km y que el coste del combustible es de 1,30 €/l. Así, los 10 vehículos recorren los 200.000 km/año con un coste de combustible en torno a un poco menos de 16.000 €.

Segundo caso, tomemos el ejemplo de 10 Renault Zoé de 50 kW capaces de recorrer, en uso real, 300 km de autonomía. El precio promedio por kWh en Francia es de 0,1546 €. Así, por 200.000 km, el coste de recarga rondará los 4.670 €.

En el tercer y último caso, si su empresa tiene paneles fotovoltaicos, el cambio a la movilidad eléctrica es sumamente ventajoso. Efectivamente, gracias a esta instalación, sus recargas serán alimentadas por energía solar y así reducirán drásticamente los costos operativos de su flota. La instalación de paneles fotovoltaicos, así como el uso de vehículos eléctricos es una opción, para que sea rentable, a analizar a largo plazo.

También cabe agregar que el costo del seguro es menor para los vehículos eléctricos. En cuanto a las baterías de sus vehículos eléctricos, será necesario elegir entre la compra y el alquiler. Combinando todo esto, el Total Cost of Ownership (TCO) es en promedio entre un 15 y un 25% más bajo que el de los vehículos térmicos. Esto también se explica por las numerosas ayudas disponibles para la instalación de terminales.

Así, los principales objetivos de la transición de una flota de vehículos térmicos a una de eléctricos son: menores costes operativos, menor huella de carbono de la empresa y un argumento real en sus objetivos de responsabilidad social empresarial. Una de las claves de esta transición son sus instalaciones de recarga y su uso.

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